Carl Blechen 

y el paisaje de Italia


Textos: Lola Soto Vicario

“Quien haya viajado lejos y haya visto muchas cosas, sabe desconfiar de la promesa de los libros y – respecto a las obras más admirables hechas por el hombre – debe haber sentido el modo en que la esperanza sobrepasa el disfrute; pero con la naturaleza uno no se decepciona nunca. Ni la memoria ni la imaginación de los autores pueden ir más allá de las sensaciones que inspiran las imágenes que ésta ofrece. Si los sentimiento generales pueden juzgarse a partir de impresiones individuales, Italia, con todos sus tesoros de las artes y sus asociaciones históricas, no ofrece nada que pueda sorprender al viajero tanto como los Alpes contemplados al subir el monte Cenis o el Simplon; en ese momento se siente la pobreza real de su imaginación, y sus estrechos límites.”

                                                                                                             Lady Morgan, L’Italie, 1819-1820

En el presente estudio planteamos un análisis plástico de la obra paisajística que el artista alemán Carl Blechen (Cottbus, 1798 – Berlín, 1840) realizó en Italia en 1828 y 1829, y en años posteriores. Nos centramos principalmente en sus esbozos al óleo en pequeño formato, de una audacia expresiva insuperable. 

Primeramente, ubicaremos la figura de Blechen en su contexto cultural y artístico. Como estudiante de arte en Berlín y descontento con los métodos tradicionales de las clases de paisaje, en el año 1823 Blechen viajó a Dresde, uno de los centros artísticos más relevantes en Alemania en esa época. Allí tuvo contacto directo con J.C. Dahl y probablemente con C.D. Friedrich; de esta manera, este encuentro con los grandes paisajistas románticos fue decisivo en su crecimiento como pintor. La Escuela de Dresde abogaba por una interpretación más simbólica y espiritual de la Naturaleza, con menor tendencia a la expresión del color. Sin embargo, de artistas destacados e innovadores como Dahl, Blechen aprendió el valor de la síntesis formal y la captación de los fenómenos atmosféricos y lumínicos con un sentido puramente naturalista, aspectos que darían un fuerte carácter a la evolución de su pintura. Trabajando en plena naturaleza de manera abierta a la experimentación, desarrolló muy pronto un estilo personal que lo hizo descollar en su círculo artístico. De J. C. Dahl le llamó poderosamente la atención sus estudios al óleo, de vigorosa pincelada y expresión contundente. El hecho de que Dahl hubiese viajado a Italia seguramente debió influir en la decisión de Blechen de iniciar también el “Grand Tour”, después de haber comenzado sus estudios artísticos en 1822 en la Academia de Artes de Berlín.

“Cielo nuboso gris con luna”. 1823. Pintado antes del viaje de Blechen a Italia

Desde finales del siglo XVIII, la península italiana atrajo a numerosos artistas de más allá de los Alpes, fascinados por la belleza del paisaje mediterráneo y por la grandiosidad de las ruinas romanas. En las estancadas academias de arte europeas, que propugnaban temas clásicos para el aprendizaje del dibujo y la pintura, la enseñanza se realizaba básicamente por medio de la copia de grabados de grandes maestros antiguos y vaciados de yeso de las esculturas clásicas, motivos que había que dibujar meticulosamente cuidando más la habilidad técnica que la creatividad y la expresión personal. Pronto surgió una rebelión contra esta tradición académica neoclásica, empezando por aquéllos jóvenes alumnos que formaron el grupo de los Nazarenos, activo en Roma hacia 1820-1830. El viaje a Italia, el “Grand Tour” se hacía necesario entre los artistas jóvenes, ávidos de perfeccionar su formación artística. El estudio de la Naturaleza in situ era un aspecto clave en la educación de un artista, por lo que se imponía conocer de primera mano la variada naturaleza de Italia y su extraordinario patrimonio histórico-artístico. Igualmente, debido al ir y venir de pintores de toda Europa, confluyeron en Italia diferentes tradiciones nacionales e ideas contemporáneas con un amplio espectro de posibilidades de expresión artística. El hecho de que grandes pintores y escritores llevaron a cabo el “Gran Tour”, como Durero, Goethe, Byron, Dumas o Stendhal motivó aún más a los jóvenes para que decidieran viajar allí. Así lo haría también Carl Blechen, con una carrera como pintor de tan sólo quince años que terminaría abruptamente en 1836 a causa de una progresiva enfermedad mental.

“Paisaje italiano con templo antiguo”. Acuarela. Sin fecha

 

En el otoño de 1828 Blechen inicia el viaje a Italia, una experiencia que va a reconfigurar decisivamente su forma de abordar la pintura. Allí frecuentó la costa napolitana, donde había pintado Dahl, y siguió un itinerario conocido tras la estela de otros artistas, en busca de nuevas experiencias visuales, humanas y culturales. La estancia en Italia fue para Blechen un viaje de formación, no fue un viaje de “descubrimiento” sino que desde un principio estaba decidido a visitar lugares conocidos y frecuentados por otros pintores. Permaneció allí durante dos años y regresó en años sucesivos; viajó por Trento, Verona, Padua, La Spezia, Venecia, Terni, Florencia, Roma y sus alrededores, Nápoles, Pompeya, Salerno, Amalfi, Ischia y Capri, donde realizó cientos de apuntes y esbozos al óleo, lápiz y sepia. El país, de cálida luz mediterránea y suave clima, favoreció un enfoque nuevo de la vida y la realidad, y fue un tiempo muy prolífico para Blechen como pintor. 

“Via Consolare en Pompeya”. 1828-1829

Los paisajes escarpados italianos, las ruinas antiguas, las tierras desoladas, la luz deslumbrante cautivaron intensamente su atención y estimularon sus capacidades para representar esos paisajes con una expresión propia novedosa y completamente distinta a todo lo anterior. La poderosa y agreste naturaleza de lugares como la Campagna, la campiña romana entre el mar Tirreno y los Apeninos, con fenómenos atmosféricos muy variables, fue lugar muy popular en la pintura de paisajes del siglo XIX. 

“En la Campagna”. 1828-29

 

Blechen, que también visitó el territorio del alto valle del Aniene, se sintió profundamente atraído por la ciudad de Cervara, Subiaco y sus alrededores, de gargantas, valles y bosques que, como hombre germánico, suscitaron su fascinación para pintar in situ. Las capillas y  monasterios de la zona del Aniene, las cumbres y aldeas apartadas o la solitaria e imperceptible presencia de la figura humana fueron motivos de gusto romántico muy recurrentes. 

“Los Apeninos”. 1829

Anotaciones tomadas en Subiaco. 1829

“Bosque y paisaje de colinas con un monje”. Sin fecha

La experiencia con la luz de Italia le llevó claramente a más allá de las tendencias románticas contemporáneas; Italia fue para Blechen el punto de inflexión innovador en su concepción de la pintura de paisaje; los ambientes diáfanos hicieron que su paleta cromática  y su pincelada cambiaran definitivamente. 

De sus recursos plásticos, nos llama la atención su capacidad para sintetizar las formas de los elementos del paisaje: cómo con muy rápidos y esquemáticos trazos es capaz de resumir lo esencial de una vista panorámica o del escenario natural que está contemplando. De manera muy libre enfatiza tal o cual aspecto que le interesa mediante pinceladas  de gran variedad, aplicadas muy instintivamente. Las manchas se quiebran deliberadamente por el gesto rápido del pincel que no se detiene a detallar; un lenguaje gráfico creado por el pintor para representar los aspectos ligeros y fugaces de la naturaleza.

“Llanura y cordillera”. Sin fecha

“Sendero a través de un robledal”. Sin fecha

Vemos que Blechen basa su factura pictórica en el concepto de color-mancha de John Constable, que busca un resultado puramente pictórico mediante una fascinante frescura de ejecución valiéndose variados signos gráficos. Su deseo de observar directamente como Constable es lo que le hizo conceder tanta importancia al esbozo en óleo hecho al aire libre: la búsqueda de una representación pura y sin afectación. Unas soluciones vibrantes e innovadoras que encontramos en sus bosquejos del natural, cuando emplea el óleo o la tinta sepia directamente sobre papel previamente preparado con una base de color. Es la sorprendente simplificación formal de estos paisajes el aspecto que marca la diferencia con respecto a muchos de sus contemporáneos. Vemos que emplea, al igual de J.C. Dahl, los fondos tonales del papel imprimado como color que forma parte de la composición y hasta de algunos elementos del paisaje, llegando a un nivel de abstracción muy evidente y valorable.

“La bahía de Nápoles desde Posillipo”. Hacia 1828

“Paisaje”. Sin fecha

Blechen fue un pintor muy prolífico, y a lo largo del tiempo transcurrido en Italia experimentó con diversas técnicas; sin embargo, pensamos que fue con el óleo con el que alcanza los resultados más sorprendentes y modernos en expresión, sobre todo cuando se vale de una paleta muy restringida, y con tan escasos medios logra plasmar la esencia más genuina de un lugar. 

Por otro lado, en el cuaderno de bocetos de Amalfi, con dibujos a la aguada sepia realizados en las costas amalfitanas y napolitanas en Mayo de 1829, capturó las impresiones de una caminata en 66 hojas de gran formato. Vemos que la expresión aquí no es tan viva, resulta más contenida, con una dicción del dibujo más cerrada que se detiene a representar con sensualidad poética una naturaleza local que no es espectacular. Como experimentación técnica, Blechen llegaba a raspar zonas determinadas de la tinta sepia ya seca para lograr tal o cual efecto, o se permitía dejar amplias zonas del papel en blanco que actuaban como parte de los fondos y evocaban zonas de iluminación máxima. 

Del cuaderno de Amalfi. Mayo, 1829

En los dibujos de Amalfi en tinta sepia, acusamos un profundo estudio de luz y sombra mediante manchas muy acuareladas, planas, con una degradación tonal muy sutil; sin preciosismo en los trazos, sin detalles superfluos, Blechen esboza las manchas que sugieren los volúmenes de la vegetación, las arquitecturas o los planos de luz de manera muy sintetizada. Una construcción del espacio mediante suaves valores de gris sin contrastes marcados, muy en el estilo del gusto de la academia de Dresde, sin color, con tendencia a las tintas monocromas de la aguada y la acuarela.

En todos estos apuntes y dibujos realizados de primera mano, advertimos que los temas, los motivos, son casi siempre de claro corte romántico, pero la manera de pintar, que es en definitiva lo que nos interesa estudiar, tiene una base naturalista-realista, ya que parte de datos objetivos y no trata de teatralizar ni de ofrecer una visión visionaria o idealizada del natural, sino que el pintor desea captar las impresiones fugaces valiéndose de recursos pictóricos propios de la pintura a plein-air. El temperamento ciertamente más apasionado de Blechen le llevará a poner en práctica unas soluciones que en términos de pintura fueron mucho más allá de su tiempo.

 

“Memoria de Amalfi”. 1835 

 

“Ruina de una iglesia gótica invadida por árboles”. 1834 

Por otra parte, en el diario de viaje de Blechen no se han hallado reflexiones escritas sobre la impresión que le produjo el encuentro con Italia. Sus intensas emociones ante el paisaje italiano se transmiten de una manera profunda en la cantidad y la calidad de sus dibujos y esbozos a óleo de todos esos años. 

“La roca de Tiberio en Capri”. 1828-1829

Llama también poderosamente la atención el tratamiento de la luz en su pintura. Una nueva y personal representación de esta cuestión, con singulares soluciones pictóricas, enfatizando zonas específicas del cuadro, trabajando el claroscuro con métodos modernos, también acusando más, si el cuadro lo requería, los contrastes, unos recursos que ya perfilan el acercamiento evidente al realismo pictórico. Siempre subyace la intención de crear ambientes naturalistas, con efectos lumínicos de gran fuerza visual a través del color y sugiriendo iluminaciones máximas con empastes más densos. 

“Bahía en Italia”. 1829

“Paisaje de la Campagna”. 1829

El contacto directo con el natural propicia que el pintor decida poner énfasis en unos cuantos aspectos del asunto que tiene delante, los que mejor caracterizan, los que mejor representan ese motivo y, en definitiva, aquéllos que su sensibilidad y su temperamento deciden subrayar. Como sabemos los pintores, ante el natural, en el exterior, apenas da tiempo a mucho más. Blechen, con certera pincelada y sin detalles ni retoques, logra resultados de una gran maestría soltura de ejecución. 

De Blechen escogemos sus esbozos más audaces, en los que el pintor ha sabido sacrificar todos los detalles superfluos en favor de una expresión decidida y de gran fuerza visual. Blechen esquematiza sus composiciones y abstrae en mayor o menor grado los elementos naturales, poniendo tan sólo lo imprescindible, con grandes masas de color aplicadas de manera instintiva y muy ligera, sin recargar la composición, permitiendo que se sugiera la idea de inacabamiento y se visibilice la huella del pincel. 

“Estudio al óleo”. 1829

 

“Paisaje italiano”. Sin fecha 

En sus obras de gran formato, también sobre paisajes italianos, ya no encontramos esa frescura, esa espontaneidad, como suele suceder y como nos ocurre también con las obras de Constable, aunque en su expresión personal Blechen no fuera “excesivamente” romántico en su estilo. Es evidente que la pintura al aire libre se adaptaba mucho mejor a sus ideas y sus propósitos como artista.

“Molino en el valle cerca de Amalfi”. 1829

Los puntos de vista que adopta en sus paisajes anuncian también un realismo incipiente que van más allá de planteamientos románticos con tendencia hacia lo teatral. Blechen parece adherirse al dato objetivo, sin abandonar las amplias vistas panorámicas, también en sus esbozos tomados en Italia. En su viaje, Carl Blechen se alejó de las viejas reglas de composición del paisaje y de la abstracta belleza lineal de los paisajes ideales estrictamente compuestos y empleando matices tonales. Trato de encontrar esquemas compositivos más simples y tonalidades más esenciales, en formato mayormente horizontales que favorecen la visión panorámica y a su vez generan sensaciones estáticas y equilibradas. 

“Llanura arbolada con montañas al fondo”. Sin fecha

“Nubes violetas al atardecer sobre las montañas”. Sin fecha

En cuanto al color, percibimos que también Blechen se permite utilizarlo de manera más libre; el ambiente diáfano de las vistas italianas propicia la experimentación con tonalidades intensas, más o menos saturadas, que intensifican la fuerza expresiva del conjunto, por ejemplo mediante el contraste de complementarios que producen impresiones visuales muy sugerentes.

“Golfo de Nápoles”. 1828-1829

Para Blechen, uno de los pioneros del plein-air en Alemania, la estancia en tierras italianas hizo que su maduración como pintor fuera definitiva, y ello se hace evidente en su producción posterior. Más tarde, fue el primer pintor que se atrevió a pintar las vistas sobre los tejados de Berlín, las casas suburbanas y los jardines, y fue pionero en la representación de las fábricas en el paisaje. 

“Vista de tejados y jardines”. 1835

Carl Blechen se ha considerado una figura “bisagra” entre el Romanticismo y en Realismo. En años posteriores, se basó en la enorme reserva de sus estudios italianos hasta el final de su período creativo. Lamentablemente, su brillante producción artística se vio limitada por las continuas crisis depresivas de los últimos años, que le hicieron dejar de pintar definitivamente en 1836. En 1831 había llegado a ser profesor de pintura de paisaje en la Academia de las Artes de Berlín. Sus aportaciones a la pintura de paisaje del siglo XIX se resumen en una novedosa y muy valorable forma de ver y de pintar que no llegó a ser comprendida por muchos de sus contemporáneos y lo sitúan como unos de los paisajistas alemanes más relevantes de su tiempo.

“Valle en las montañas de Harz”. Después de 1829

BIBLIOGRAFIA CONSULTADA

AAVV: La abstracción del paisaje. Del Romanticismo nórdico al Expresionismo Abstracto. Catálogo de exposición en la Fundación Juan March. Madrid, 2008.

NOVOTNY, F.: Pintura y Escultura en Europa. 1780-1880. Cátedra. Madrid, 1992.

VAUTIER, D.: Todos los caminos llevan a Roma. Viajes de artistas entre los siglos XVI y XIX. Ediciones Dartis. Zaragoza, 2008.

 

WEBSITES CONSULTADAS

Alte Museum Berlin

Staatliche Kunstsammlungen Dresden

Galerie Neue Meister, Staatliche Kunstsammlungen Dresden

Staatliche Museen zu Berlin

 

Las imágenes que ilustran el texto han sido tomadas de las websites de los museos referenciados anteriormente. 

Lola Soto Vicario es artista y Doctora en Bellas Artes por la Facultad de Bellas Artes de San Carlos de Valencia (Universidad Politécnica de Valencia). 

 

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 Lola Soto Vicario